Un golpe más a la democracia

La tradición democrática dominicana desde sus inicios ha sido paupérrima y decadente, viéndose tajada en enésimas ocasiones. Gobierno tras gobierno, el apego al poder, el caudillismo, la desigualdad e iniquidad han reinado, pudiéndose extraer muy mínimas excepciones. Por fortuna, la democracia es una edificación que no solo se desmorona, también sabe renacer, como fruto del hastío y la intrepidez de esas masas invisibles manipuladas para trabajar, ser explotadas y dar un voto cada cinco, cuatro, dos... años, según sea el régimen que las patrocine, y las artimañas subyacentes.
En la actualidad, a fines de la segunda década del siglo XXI, no contamos con un legado democrático concreto, más bien parece ser que viejas prácticas coercitivas han ido evolucionando –con algunas mejorías–, cambiando los personajes, pero manteniendo la misma esencia. ¿Será que heredamos ideas, ideologías y costumbres, y las seguimos reproduciendo sin siquiera saber o cuestionar su propósito? ¿O el individualismo trasciende los intereses colectivos, necesarios para desarrollar una nación, y crear mejoras institucionales?
En las pasadas elecciones primarias y
municipales, celebradas el 6 de octubre de 2019 y el 16 de febrero de 2020,
respectivamente, quedó al descubierto que la democracia del país no es más que
una frágil estructura carente de solidez interna, pero muy bien maquillada.
Asimismo, se evidenció que la etimología del concepto compuesto por los términos
griegos démos (pueblo), y krátos (poder), es tan solo una falacia que
hace llamar a la democracia "el poder del pueblo", cuando verdaderamente en
la práctica prevalece el poder de los oligarcas, dígase: presidente,
funcionarios, grandes empresarios, narcotraficantes, eclesiásticos, entre
otros.
Elecciones de octubre y febrero
En octubre se realizaron unas elecciones
primarias simultáneas con los dos partidos mayoritarios de la República
Dominicana: el Partido de la Liberación Dominicana (PLD), el cual optó por el
tipo de elección abierta, mientras el Partido Revolucionario Moderno (PRM) puso
en práctica la elección cerrada. Este proceso electoral tuvo un elemento
novedoso, la implementación del voto automatizado en el país.
La primera prueba referente a este nuevo
sistema de votación se llevó a cabo el 24 de julio; sin embargo, el Articulo 99
de la Ley Orgánica de Régimen Electoral No. 15-19 establece que para poder
efectuar la automatización del proceso electoral se deben "probar los sistemas
que se usarán, por lo menos con seis (6) meses de anticipación a la fecha de la
votación"; o sea, los equipos electrónicos utilizados fueron probados faltando
apenas dos meses y varios días para la celebración de los comicios electorales,
incumpliéndose claramente dicha ley.
Terminado el escrutinio, horas más tarde,
resonó a lo lejos el eco del descontento y la inconformidad. El expresidente
Leonel Fernández alegó fraude electoral, solicitando con ello la realización de
una auditoria forense a los equipos electrónicos utilizados para dichos fines.
Después de constantes negativas por parte del gobierno, y de varios intentos de
negociaciones, se eligió finalmente a la empresa española Alhambra Eidos para
llevar a cabo la tarea. La susodicha estableció –en una declaración de una
página de extensión, presentada el 31 de enero del 2020–, que el proceso de
votación automatizado se desarrolló de forma adecuada, y que los sistemas
fueron seguros y fiables. Sin embargo, dicho resumen no presentó detalles
relevantes ni el rigor necesario para haber sido una auditoría valorada en casi
RD $29,000,000. Además, el informe completo, supuestamente de unas 390 páginas,
jamás fue publicado. Por lo que la población no pudo conocerlo ni comprobar
teóricamente la integridad del software instalado en los equipos informáticos.
Aun así, estos acontecimientos
resultaron ser nimiedades para la República Dominica. El escenario se iba
preparando para un hecho sin precedentes en nuestra historia. Las elecciones
municipales de febrero empezaron con el pie izquierdo, un inocente fallo
técnico no permitía cargar la boleta electoral completa en las pantallas de los
equipos, sino que muchas veces solo presentaban las caras de los candidatos
del PLD aspirantes a regidores y alcaldes. Es curioso que, en el error, los
partidos de oposición fueran los únicos excluidos de las boletas, como si el
poder se auto resguardara para quienes ya lo ostentan.
El 16 de febrero a las 11:11 de la mañana, Julio César Castaños, presidente de la JCE, se dirigió al país con la cara llena de
desvergüenza para dar a conocer la disposición de suspender las elecciones a
nivel nacional. Filas quedaron hechas, dinero gastado, préstamos y
frustraciones encarnadas. El pueblo no podía creerlo, mucho menos aceptarlo.
Eso, tomando en cuenta que la mayoría de dominicanos desconoce que se utilizó
un presupuesto de más de RD$ 4,062,000,000 para la realización de los comicios
(sin contar los más de mil millones de pesos gastados en los equipos).
Protestas en la Plaza de la Bandera
Al día siguiente, varias decenas de
indignados (principalmente jóvenes) se reunieron en la Plaza de la Bandera
frente a la sede de la Junta Central Electoral para exigir la renuncia de los
funcionarios, y mostrar su disconformidad ante tales incompetencias. De aquí en
adelante se llevaron a cabo protestas pacíficas alrededor del país en casi todas las
provincias. Se utilizó el negro como color distintivo para representar esta
lucha del pueblo. Asimismo, se alzaron dominicanos en diversas partes del
mundo, desde Puerto Rico, México, Chile, Brasil, Estados Unidos, Canadá, España,
Italia, Francia, Holanda, Inglaterra, Alemania… Las redes
sociales constituyeron un factor determinante para la organización de las
distintas manifestaciones, las cuales se llevaron a cabo en horarios
vespertinos y nocturnos, principalmente.
Un acto que puso al descubierto la poca
tolerancia del gobierno fue el lanzamiento de bombas lacrimógenas desde la JCE
hacia los manifestantes, lo que ratificó aún más los matices dictatoriales
expresados de diferentes maneras a lo largo de los ocho años del régimen
Danilista.
El 27 de febrero las protestas alcanzaron
su clímax, uniendo el cansancio del pueblo y conmemorando los 176 años de
independencia, –¿y por qué no decirlo? –, también de iniquidades. Esta concentración
fue denominada ´´El Trabucazo 2020´´. Se congregaron miles de dominicanos en la
Plaza de la Bandera, donde participaron personas de todas las clases sociales.
Hubo canciones y alocuciones, además de pancartas por doquier.
Las manifestaciones continuaron levemente
hasta principios de marzo, cuando se dio a conocer que la República Dominicana
tenía el primer infectado por el virus covid-19. Esto se tradujo en el cese de
las actividades de forma física; sin embargo, las protestas continuaron de
manera virtual, y los cacerolazos –que habían iniciado el 21 de febrero–
siguieron resonando en barrios y residenciales, pero primordialmente en estos
últimos, en donde los oídos de la corrupción se hallaban más próximos.
Elecciones de marzo
Gracias a la determinación y osadía de
todos los dominicanos envestidos con los ideales de la libertad, se tomaron
ciertas medidas que permitieron dar más validez y confiabilidad a las
elecciones. Para los comicios del 15 de marzo, se autorizó la acreditación de
un observador por partido político ante los diferentes centros de escáner que
fueron habilitados en los colegios electorales. Estás elecciones (al igual que
las pasadas), también contaron con observadores internacionales, pertenecientes
a organismos como la Unión Interamericana de Organismos Electorales (UNIORE),
la Fundación Internacional para Sistemas Electorales (IFES) y la Organización
de los Estados Americanos (OEA); así como también observadores de
organizaciones nacionales como Participación Ciudadana y el Consejo Nacional
de la Empresa Privada (CONEP). Por otro lado, no se incorporó el voto automatizado, y
puede que no se vuelva a utilizar hasta que otro régimen con más transparencia
y credibilidad ostente el poder. Todo esto ayudó a que el proceso se desarrollara
de forma adecuada, aunque no se lograron consecuencias determinantes con respecto
a la JCE y sus miembros.
Asimismo, el 14 de abril se dieron a
conocer las conclusiones de la auditoría realizada por la OEA sobre el voto
automatizado. Según el informe, el fracaso del sistema fue producto de una mala
gestión por parte del área de informática de la JCE, un mal diseño del
software, ausencia de protocolos… Por añadidura, según el equipo auditor no
existe evidencia de sabotaje o intento de fraude. Lo que el informe en ninguna
parte detalló, fue él porqué este fallo desfavorecía más a unos partidos que a
otros.
Sin importar el logro final, el hastío colectivo no se borra tan fácil, y una nación cansada de atropellos no iba olvidar aquel infausto acontecimiento (como lo ha hecho en el pasado) ni iba a tragarse las palabras de Castaños, luego de concluidas las elecciones de marzo: "la democracia dominicana ha sido salvada". El disgusto acumulado por los incontables actos de corrupción, el despotismo, la impunidad, la intimidación, el nepotismo y hasta actos de tortura, no podían desencadenar en otra cosa que no fuera un sentimiento de repugnancia y aversión hacia el PLD. Por todo eso, y por dejar a la República Domincana posicionada como uno de los países con peor educación y mayor corrupción a nivel mundial, serán recordados en la historia como las escorias venales que fueron. Se irán del poder, y los dominicanos con amor a su patria les verán con recelo hoy y mañana, y les gritarán: "¡Se van!".
Que el pasado nos sirva de escuela, y nunca sea un sitio al cual volver. Puede que el cambio camine, pero primero hay que parirlo.
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