Celebración de la democracia
Se vistieron de júbilo las palomas, y el cielo supo tornarse de un color distinto al morado agonía. El 5 de julio del 2020 el pueblo dominicano demostró que la voluntad popular puede más que los tres poderes del Estado combinados.
Las elecciones presidenciales y congresuales celebradas este día empezaron su trayecto andando por senderos titubeantes. Primero, a tempranas horas de la mañana el candidato presidencial del PRM, Luis Abinader, y demás miembros del partido fueron víctimas de ataques cibernéticos que borraron de sus teléfonos cuentas de aplicaciones de mensajería como WhatsApp. No se sabe quién ni por qué...
Diferentes denuncias se realizaron a la Junta Central Electoral, ya que varias personas en distintos puntos del país —y en el extranjero— no figuraban en los colegios electorales donde les correspondía votar o aparecían en algún otro, lejano a su ubicación. Además, la diáspora tuvo que poner en práctica la paciencia decididamente, debido a que en ciertos colegios las valijas y las urnas (necesarias para iniciar el proceso de votación) no encontraban el camino de llegada para cumplir con su propósito. Entre otras complicaciones leves que no pudieron menguar la decisión soberana de la gente.
A las 9 y pico de la noche se presentaron los resultados preliminares de los comicios, y los números —además de ser un lenguaje universal—, constituyeron un espejo reflector de quereres.
Se esgrimió la poderosa espada de la libertad, y sin tener que pronunciar palabras para decirlo, quedó todo claro: el poder sí se desafía, y se cambia cuando huele a podrido. Lo que significa también, que sin importar el partido político al mando de la nación, número de botellas y bocinas existentes, cuando el pueblo se harta de tantos desmanes, no hay régimen autocrático que pueda frenarlo.

Mejor de ahí no pudo ser dicho!
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