Mientras llega el alba
Camino lejos. Sentado en mi cabeza
recorro mundos distantes
pegaditos de la cotidianidad.
Por ahí está el barrendero,
recoge la luz diurna
acabando de nacer.
Se desbordan los olores;
debe ser el café,
la geosmina germinando
o simplemente
las almas del tiempo
reconstruyendo un espacio
inmaterial, para crear
un mundo
físico y humano, verosímil.
Algunos médicos llegan
y otros salen.
Se distinguen desde lejos,
las lunas negras los delatan
y su prisa siempre urgente.
Continúan azules los caminos,
y las casas están lividas:
"Si pudiera dormirme otro chin..."
El camionero cierra la puerta;
¿pero quién si no él
suplirá de verduras los mercados?
Los sucesores de Hostos
revisan la unidad de hoy,
y en "descargas" buscan
el vídeo correspondiente:
"Teorema de Pitágoras-
súper fácil".
En las afueras de las casas,
cucarachas embriagadas
revolotean hasta el éxtasis.
¿Ellas sabrán para que viven?
¿Acaso no duermen?
"¡Ay, mátala, juye!"
Ya me acostumbré
al nerviosismo que provocan,
y no sé por qué
siempre me sorprenden
los alaridos que suscitan.
Aquellos, los sin dolientes,
los sin edad —los siempre viejos—,
se levantan temprano
sin razón, con muchas razones,
con el sopor metido entre el estómago,
y sin nada más
que el bicarbonato de sodio
pegado al cepillo
y el agua tibia
por si la gastritis.
¿Y los dueños de la clínica,
del supermercado,
el accionista mayoritario?
Ya conocemos esa historia,
cómo viven y cómo desviven.
Las telenovelas han hecho su trabajo,
Hollywood también.
Oh, el limosnero aún no ha llegado.
Y por fin, el alba.
10/08/2020
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