El Führer Medina

 

No es que honorable sea su nombre,

no, señor,

es un oprobio aquí tenerlo,

ominoso Führer Medina,

pasaron años para conocer

que se trataba de un cleptócrata

ansioso de dinero y poder.


No se da cuenta que las ciguas

palmeras ni siquiera trinan

al asomarse a su balcón,

y que en su lugar cantan cacerolas,

altoparlantes con voces mezcladas

de personitas y personajes

cargados de gran tenor.

Para unos es el mismísimo diablo

y para sus secuaces el mismo Dios.

Vaya paraíso

con bordes de herrumbre

dentro aljibes de corrupción.


No se moleste mi caudillo,

aprendiz de dictador,

pero me cuentan elevados videntes,

algunos curas y el gran conquistador

(colega del asesino Ovando),

que: Trujillo, Fidel, Stroessner

y los Somoza ¿por qué no?

instruyen por amor al arte

su perpetua profesión,

pues les preocupa que sus legados

reencarnen

en regímenes autocráticos...

tales como esta burda imitación.


No es con aversión que le expreso

los siguientes versos, mi señor:

A la guillotina, especialmente

y a Robespierre, de corazón

le hubiese encantado

con la parsimonia de una pluma,

y con el pueblo de jurado,

lacerar sutilmente

su yugular y sus pecados.

Sin casi dudas afirmaría,

Luis XVI y María Antonieta

lucirían fastuosos al lado

de su más moderna estirpe.

Que no le parezca desastroso,

sería un espectáculo sin igual,

ver a estas gentes de alta alcurnia

sin el preciado elemento pa' respirar;

¿no sería una acción divina,

un agua de azúcar entre tanta sal?


No mire hacia atrás, procure

una amnesia fortuita,

y dedique al menos un tercio

de la décima parte su pestilente fortuna

a desarrollar el bien de Alzheimer.

Será libre y feliz,

y sobre todo, borrará

la angustia o la miseria

que genera su propia existencia.

Lamentable será 

que ni el dinero

ni la ciencia

puedan dar a la hija naturaleza

la energía suficiente

para que en este mundo

o en el próximo

se alivie y perdone

la ineptitud e inconciencia

de sus indolentes acreedores.


05/08/2020

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